EL DOMINGO ENFRENTA A BRASIL, A LAS 17
La Selección llegó a la final con una ráfaga de fútbol y goles El equipo se lució en el complemento. Los goles: Heinze, Messi y Riquelme, de penal
Hay que tener clase para llenar de asombros la riquísima mirada de Carlos Bianchi, comentarista de la TV mexicana... Vaya si la tendrá esta Argentina finalista que, cuando Messi definió a lo Maradona, al Virrey se le llenaron los ojos de magia. Hay que tener locura sana para picarla en un penal, como la picó Riquelme. Hay que tener equipo para ganarle al Tri por tres... Vaya si lo tendrá esta Argentina plena de lujos que el domingo irá por Brasil: trabajó el partido en ese arranque difícil, hizo de su paciencia un culto, encontró con Heinze un gol clave y destruyó a México en un segundo tiempo bri-llan-te. No fue casualidad sino causalidad que todo el estadio de Puerto Ordaz acabara gritando ole y ovacionando a Messi, a Riquelme, a Verón, a Tevez, a Mascherano... A todos esos muchachos que, mientras los jugadores mexicanos llegaron al estadio prolijamente sentados en sus butacas, arribaron cantando alborotadamente el tradicional Vamos vamos Argentina... Así, esta selección de Basile que empezó a ganar desde la llegada en micro, terminó jugando para pasar a la final, para ratificar que es el gran candidato y para conquistar definitivamente a los argentinos y a los no argentinos. Argentina no arrancó bien y no precisamente por una mala noche: México no lo dejaba jugar. Si los demás rivales esperaban con resignación, México optó por hacérsela más difícil: lo esperó menos que los demás y, encima, más adelante. Era casi como el peso en relación al dólar: tres por uno... Por cada argentino que tomaba la pelota, se multiplicaban de a tres. Aplicado en la marca, México salió decidido a presionar ejerciendo superioridad numérica. Así, Riquelme tenía a Correa como su guardián, siempre ayudado por otras cuatro piernas mexicanas. Verón era otro que no podía y a Messi tampoco le salía... Por eso Román, el más afectado por la humedad que despedía el césped tras la lluvia, se tomó un respiro y se tiró casi como 9, para salir del acoso y descolocar al aplicado rival. De ahí que Verón buscara hacerse eje... No se quedaba México en tener controlado el ataque de Argentina. Con movimientos sincronizados y oficio, movía a Guardado a la posición de wing, Castillo bajaba como 10 y Pinto se hacía volante. Tan articulados eran esos reposicionamientos que Guardado apareció sólo por izquierda y la pelota besó el palo. Maniatado pero no dominado, Argentina también presionaba arriba, con el voluntarioso Tevez y el cada vez más tiempista Mascherano. Si el 14 resultó figura es porque fue clave en ese rato en que las cosas no salían, porque no dejó agrandarse a los del medio de México. Los corrió, les robó la pelota, les hizo sentir que el dueño de la mitad era él. Se estaba haciendo complicado jugar, pero como a Román le hicieron 6 faltas en este primer tiempo, en uno de los tiros libre que tuvo la metió llovida para que Heinze la cacheteara de zurda al gol. Lo perdió Cacho en la marca, durmieron los centrales, el arquero salió mal y 1 a 0 para Argentina. El problema, todo el problema era de México... En el segundo tiempo, Sánchez metió dos cambios ofensivos pero México se derritió ante una notable ráfaga de fútbol que desempolvó Argentina. En 5 minutos, Messi brilló con esa definición tan perfecta como genial para el 2-0. Verón se asoció cada vez más productivamente. Carlitos la peleó y Márquez le hizo el penal. Román la gastó y picó un penal a lo Zidane. La Selección, así, goleó. Y será finalista de una final que invita a soñar con éxitos y más espectáculo.
jueves, 12 de julio de 2007
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